jueves, 24 de diciembre de 2015

Hoy la paz mundial es secundaria para mi.


 "Y debo decir que confío plenamente en la casualidad de haberte conocido. Que nunca intentaré olvidarte, y que si lo hiciera, no lo conseguiría, Que me encanta mirarte y que te hago mío con solo verte de lejos. Que adoro tus lunares y que tu pecho me parece un paraíso. Que no fuiste el amor de mi vida, ni de mis días, ni de mi momento. Pero que te quise, y que te quiero, aunque estemos destinados a no ser".      Julio Cortázar
Pobre poeta endiablado, que ya conocía el significado del amor y le quitó la gracia a ese juego frenético que es el buscarle significado incluso cuando parece que no existe. Pero qué me van a enseñar a mi, que recién levantada, tirada en la cama retorciéndome de dolor, aunque sea Navidad, sin poder levantarme y únicamente con ganas de ver el mundo desde el cristal de mi ventana, si me dices que hay un hueco a tu lado, me inventaré una manera de volar hacia allá, aunque sea solo en sueños.
En ningún momento he afirmado que el amor sea posesión, porque eso no es amor, es necesidad, sin embargo, es bonito pensar que si te enamoras de una persona, una parte esa esencia se queda contigo, aunque sea solo metafóricamente, y puede que sea lo que me está pasando ahora, que te quiero, simple y llanamente.
¿Será, entonces, que el amor son metáforas que solo uno mismo entiende y sueños en una cama fría?
Podría estar días e incluso meses argumentando por qué el amor puede tener casi más caras malas que buenas, pero hoy no. Podría decirte que me da vergüenza admitir que hay días en los que no puedo mirarme al espejo, que aunque me adore, me tapo siempre en las fotos por miedo a descubrir que no soy como pienso, y que soy capaz de idealizar hasta a una roca, pero hoy no.
Hoy, ojerosa por estar cansada de dormir poco, floja por las cosas que solo las mujeres entenderían, y triste por echarte de menos a ti y a otros que ya no están, y a otros que ni si quiera estando están, te digo que quiero quererte, y que si para eso tengo que quererme a mi primero y siempre antes que a ti, lo haré, aunque a veces sea difícil y extraño, porque creo que mereces la pena. Que voy a luchar por lo que quiero llegar a ser y porque mis padres estén orgullosos de mi y porque un día me mire sin vergüenza ninguna y me quiera sana y plenamente.

Este es mi deseo de Navidad, porque nunca pido nada y me lo merezco: quiero llegar a ser feliz, y ojala sea contigo, y quiero no dejar de crecer nunca, que ser niña es un asco.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Mujer dormida

19:21

Me olvidé de vivir.

Tengo que empezar a aceptarme como soy.

Y es fácil de decir, lo hacemos constantemente, pero todos sabemos que es una serpiente que se muerde su propia cola y al final se devora a si misma.

Quiero ser libre y mía, quiero no pertenecer a nadie que no sea yo y crecer muchísimo, ampliar mis 
vivencias y aprender de ellas. Quiero fallar tantas veces como pueda, quedarme tirada en lo más profundo de esa espiral y llorar a mares, porque creo que soy increíblemente bonita cuando lloro por algo que me importa o me duele (porque los ojos que lloran son sinceros; las lágrimas si son el espejo del alma), para acto seguido levantarme y seguir cayéndome hasta aprender que las rocas del camino nos las ponemos nosotros mismos porque una línea recta era demasiado poco confusa como para ser una vida que vivir.

Soy la chica que nunca se fiará por completo de nadie, porque nunca confiaré en los que me miran a los ojos y son capaz de desnudarme sin tocarme.
Tengo que dejar de buscar la aprobación de los demás y empezar a comprenderlos mejor. Siempre he intentado imponerme ante todo, y de alguna manera desatar las cuerdas que nosotros mismos nos hemos atado al cuello, pero siempre está la mano que te ayuda y aprieta más el nudo: los que no te dejan expresar, sentir y vivir, los que nos imponen los cánones y las reglas a seguir y se aseguran de que ningún cordero salga del redil. ¿Cómo luchar contra eso, si incluso nuestros compañeros de rebaño nos callan?


Cuanto más veo, menos sé y más tengo que dejar ir, y creo que tampoco es esa la fórmula.

Quiero llegar a querer de verdad y que lo que me han enseñado no influya para nada: no quiero ser la sumisa ni la dominante, no quiero que una persona sea mi mundo ni enamorarme hasta morir por ello como Romeo. No quiero este amor enfermizo que nos venden los libros y las canciones de amor que nos hacen pensar en la persona amada hasta volvernos locos, ni quiero que me maltraten o me critiquen por una orientación sexual o por una forma de ser en la cama. Deseo que no me impongan un rol con mi pareja, que pueda ser como soy y que me acepten tal cual, que quieran a mis defectos como a mis virtudes y no intenten cambiarlos ni criticarlos, pero si discutirlos y estudiarlos para mejorar como pareja y como persona. Quería simplemente abrazar, no para sentirme llena ni completa, porque cada uno somos una única naranja, sino porque es un modo de descubrirse ante alguien y mostrarle que, aunque sea una posición vulnerable porque le estas mostrando tu corazón, puede acercarse, tocarte y que su olor te haga feliz. Tan simple como eso.
Y que si se acaba el amor, que por lo menos haya valido la pena coincidir.

Conseguiré amar con el corazón, el alma y la cabeza para querer mejor y de verdad.



(Y CUANDO DIGO “QUIERO”, ESTOY DICIENDO “VOY”).



20:36