Querría poder decir que solía hacerlo, pero la cruda realidad es que aún lo hago.
A veces anida en mí, y parece que hiberna, pero sólo está esperando a la siguiente primavera, cuando todo florece y hace calor.
Entonces vuelve.
Solía decir que la soledad jugaba conmigo.
A veces se iba, pero he vuelto a encontrarme sola empujando mi propio columpio, jugando a cuidar sin ser cuidada.
Y me siento sola, aún estando contigo, o con él, o con ella.
Hay una inquilina que no deja de arañarme las entrañas para que no olvide que está ahí.
Mis ojos, a veces joviales y tantas otras enrojecidos, ya se deben estar cansando de mi.
Mi boca, harta de reivindicar imposibles y de querer.
Mis manos, que ya no saben describirte ni ayudarme.
Mi estómago, lleno de selvas y de niños, ahora solo hace ruido para comer.
Ya
no
podéis
ayudarme
No hay comentarios:
Publicar un comentario