sábado, 20 de febrero de 2016

Quiérela, y deja que se quiera

No necesitamos que nos digan lo guapas que estamos, o lo bien que nos queda la ropa o la luz sobre la piel desnuda, porque no lo hemos pedido. Tampoco que alaben nuestro pelo, ni que nos quieran recién levantadas y con ojeras, que para eso ya nos queremos nosotras.

Dile lo inteligente que es, lo bien que le queda una sonrisa en la cara.
Joder, dile lo contagiosa que es su sonrisa, que deje de creer en cuentos porque las mariposas no son de amor, sino de angustia. 
Explícale que no debe tenerle miedo al monstruo de debajo de la cama, sino al que le exige y le dice que la ama por encima de todo, incluso de ella misma.

Recuerdale lo valiente que es, que los precipicios no dan tanto vértigo si tiene gente que la quiera y la cuide. Y pregúntale también si su reflejo sigue haciéndole burlas, porque no sabe que cuanto más aprende, más bonita es.
No le dejes ser una princesa, porque seguro que no quiere dormir por 100 años en la torre más alta de un castillo custodiado por un dragón.
No le digas que necesita ser salvada por nadie. 

Demuéstrale que no son 3 cifras las que la describen, que llorar es humano y que no es más débil por hacerlo, que la vida no consiste en llegar a ser apta para alguien, sino en mirar atrás y estar orgullosa de tu pasado.

Dile que la quieres, porque no siempre lo sabe.

Quiérela, y deja que se quiera.


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