lunes, 14 de septiembre de 2015

Bienvenida, primavera.

Tráeme un héroe, y te escribiré una tragedia, porque allí donde terminaba tu mirada, comenzaba el frío.
Caballeros, con armadura contra el invierno y dispuestos a luchar con dragones y brujas, que mirarán dentro del armario y debajo de tu cama, para después meterse en ella dispuestos a todo y a nada.
 No, gracias.
¿Qué estabilidad voy a encontrar en mi misma, si solo me cruzo con jinetes errantes?
Del mismo modo que el cielo necesita el mar para tener un horizonte, yo necesito un punto de inflexión que me aparte de este vacío por el que a veces me precipito, y si no me das la mano, aprenderé a volar (aunque sé que hace tiempo ya que no me la tiendes).
Ya no me da miedo el vértigo.
Ya no hay invierno, ni nieve, ni frío.
Me liberé de mis cadenas, dejé de ser sumisa, dejé de ser el artista trágico y enamorado de mi resaca. Ya no me compadezco, y por fin comienza a oler a azahar.
Bienvenida, primavera, no sabes cuanto tiempo llevo esperándote.

Por fin mi vacío se disipa, y ahora solo queda el miedo a lo desconocido. Las mariposas ya no lo son, ahora simplemente son polvo flotando en un vacío que comienza a llenarse. Ya no hay amor, no hay miedo ni rencor, queda una luz tenue, que cada día crece mas y mas. Algún día le pondré nombre.
La parodia del algo que se crea de la nada y a si mismo. Suena tan tonto que hasta parece tener sentido, pero es una sensación tan cálida que podría quedarme aquí a vivir, aunque solo sea por un tiempo.
Gracias por ser un idiota, y por permitirme serlo.
Por favor, no te extingas. Arde conmigo.





No hay comentarios:

Publicar un comentario