martes, 13 de octubre de 2015

Lo imposible, a veces, también es necesario.

Querría saber hacer poesía, y así describirte, describirme, lo que sea que ahora ha ocupado el vacío, aunque sea imposible.
"No cambies nunca, te dije una vez, y lo he pensado miles. No cambies, que a mi ya me has cambiado para bien y para siempre. Que haces de mi la mejor versión de alguien que solo quería ser feliz y ahora lo es en los encuentros y en las esperas."
Sigo pensando que es injusto despertar sin ti. Que todos los lunes son raros, huelen a martes si no vienes. De tanto hacerme reír acabarás con mi prestigio de exsuicida. El mundo tolera dictadores, pero no poetas felices.
A veces no entiendo nada del mundo alrededor. Se creen gigantes los enanos y los payasos te dan ganas de llorar. Y eso que haces con las pestañas que me huracana la sangre, eso que haces sin querer y borra vientos, eso tampoco lo entiendo.
Estaba llena de curvas por fuera y de precipicios por dentro. Cuando no estas, dejas un vacío en el que cabe todo lo demás y sobra espacio. Soy solo la mitad de la mitad de la mitad de alguien que supo ser feliz enteramente, lo demás anda buscando mi sombra, pero no la encuentra. Se fue pegada a tu espalda. No la culpo, solo le tengo envidia.
No te equivoques, sigo creciendo, pero aún no sé escribir sobre la felicidad, ni confiar en nadie que no sea yo. Es culpa de este corazón, o parte de él, que se vuelve loco cuando lo nombran.

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