El que no lo haya sentido nunca no podrá entenderlo. Es como que se te eriza el corazón: te duele pero vuelves a por mas. Eso sería el amor: una puñalada que te hace cosquillas. Aunque no tiene sentido intentar materializar algo que ni tus latidos, ni tu sudor, ni tus gemidos pueden explicar.
Solía tener la manía de decir te quiero, siempre antes de tiempo y en cualquier lugar. Tal vez siga siendo así. Tenia las piernas infinitas, siempre abiertas a las visitas, y unos labios sellados que no se dejaban besar. Tenia un corazón blindado, un cuerpo demasiado usado y un corazón que tartamudeaba por un amor sin estrenar.Siempre fui la tercera de alguna otra mitad extraviada, e incluso de mi misma, porque antes estaban los demás.
Huir, hasta que no me reconocieses y me fallasen las piernas, hasta quedarme sin ganas y sin ideas. Esa era yo. Y quien dice huir, dice correrse, porque el sexo sin amor también existe.
¿Será la manía que tenemos de intentar llenarnos con los demás lo que nos hace tan infelices? ¿O tal vez sea el repartir pedazos de nosotros para reconstruir puzles a los que les faltan mil piezas?Es la historia del sol y la luna, siempre corriendo, siempre por detrás, siempre infelices, hasta que llegaba el eclipse. Y fluían, y eran uno hasta volverse a encontrar.
Es terrorífico, porque esta vez no quiero fallar, pero ¿cómo unir dos mundo sin que se destrocen mutuamente?
Esta vez me da igual, destruyeme y permíteme reconstruirte. Déjame equivocarme y enamorarme, que nunca me había querido tanto.
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