lunes, 30 de noviembre de 2015

Lunes, 23.46

Te quiero lo suficiente como para, algún día, llegar a odiarte.

Hace tanto que soy el mismo perro dando vueltas y vueltas para morderme la cola, que creo que en alguna de esas me caí y no me levanté; solo puedo lamerme las heridas y revolcar sobre mi misma. Ahora soy la chica que se oculta tras unas palabras bien escogidas desde la seguridad de su cama.

Quiero que me conozcas y mantenerme siempre en el anonimato, lo quiero todo y nada. Soy una estúpida ahogada en qué dirás y si te irás. No hay espacio para el vacío dentro de mi, y sin embargo siempre me falta algo: tu, yo, mis ganas, quién sabe.
Lo que yo digo, metáforas y mas adivinanzas. Siempre sostendré que quien tuvo suerte en este reparto fui yo y nunca al revés.
Sé que te escribo muchísimo, lo tengo mas que presente, pero de verdad que creo que un día de estos te esfumarás como lo hace un sueño de tu mente nada mas despertarte: de repente, y dejando una sensación que te llena y vacía a partes iguales: tan dulce como el momento antes de quedarte dormido y tan amarga como cuando huelo tu colonia y sé que no eres tu quien está pasando a mi lado.

Lo divertido de todo esto es que eres una meta difícil que rompió todos mis esquemas de actuación. Sabes que a veces me quedo estancada en el pasado, y es algo que intento arreglar con todas mis fuerzas, te lo juro que si, pero sigo buscando la seguridad que creía tener en las palabras bonitas de una boca mentirosa y el calor de unos brazos que no me sostenían, sino que me atrapaban.
No eres así, y aunque sé que es bueno, me confunde. Desacostumbrarse de lo malo es duro.
Es que imagínate cómo ha sido, que llegaste y te llevaste contigo hasta mi complejo de altura. Ahora, a pesar de medir un metro sesenta mal contado, me siento gigantesca cuando me rio como una niña de cinco años contigo. Irónico, ¿verdad?

Creo que te quiero lo suficiente como para tener miedo de que te vayas, de que sea demasiado intensa y te hartes como lo haría cualquiera. Porque no nos vamos a engañar, soy eso, un metro sesenta que se ríe de tus tonterías. Y sin embargo me prometí a mi misma que iba (y que voy) a ser algo bueno para ti, que te haga crecer pero que sigas siendo un niño. No puedo darlo todo, porque vacía no soy nada, pero si intento dejarte lo mejor que tengo, para por lo menos llegar a ser un recuerdo bonito, o gracioso, o algo, simplemente algo.

Querría quererme tanto como espero que lo hagan los demás, y tal vez ese sea mi error, esperar que me hagan polvo para después soplar. Hay que entender que al amor en libertad también le gusta la compañía.

No hay comentarios:

Publicar un comentario